De humores y des-humores

No me gusta el humor que discrimina, el humor basado en estereotipos, el humor que denigra al ser humano -por cuestión de cultura, color de piel, origen, sexo…-.

Y es un humor que se cuela en algunos grupos de wassap -que son un reflejo de la vida real, en la que también se ‘cuelan’-, y que algunxs componentes del mismo ríen e incluso, a veces, aplauden.

Me gusta el humor inteligente.

Me parece que debemos exigirnos más como personas, y exigir. 
No podemos repetir “patrones” sin pasarlos por ningún filtro.

¿Que eso de pensar te convierte en ‘diferente’ o te “desmarca” de alguna manera? Bienvenida esa diferencia.

En un mundo en el que nos sientan, desde pequeños/as, con el fin de ser meros objetos receptivos y de obediencia, en una sociedad en la que eres un objeto consumidor y de consumo, plantearte las cosas y ser consciente de la propia contribución, haciendo uso de un filtro crítico y argumentado, es todo un logro.

A veces, siento esa clase de soledad que consiste en la sensación de que pensar, ser crítica, fuera algo prescindible. Esa postura tipo “da igual” o “es solamente una broma” resulta, en ocasiones, desalentadora.

 

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LA HERBOLERA, de Toti Martínez de Lezea.

-“¿Por qué tiene la serpiente cabeza de mujer?

-Porque la mujer(…) es el origen de todos los males del hombre”.

Catalina de Goiena (Katalintxe) pertenece a una estirpe de herboleras –su abuela lo fue, al igual que su bisabuela-, mujeres que tenían un ‘don’, mujeres con una intuición especial que conocían las utilidades de las hierbasy remedios naturales para infinidad de dolencias y padecimientos.  Mujeres que deseaban hacer un bien social pero que fueron apreciadas y temidas a la vez, por la credulidad general enLa herbolera_portada una época de analfabetismo y supersticiones arraigadas. Catalina era también descendiente de creencias ancestrales, como la creencia en la diosa Mary, la Diosa Madre, que es la Naturaleza, al fin y al cabo.

La novela, que se desarrolla en una zona rural del País Vasco, basada en una época real y en hechos acaecidos en Durango durante la denominada ‘caza de brujas’ es, digamos, una ‘excusa’ que utiliza la autora para desmitificar la brujería.  En efecto, ‘La herbolera’ es una revisión de la sinrazón de la ‘caza de brujas’, arrojando luz y motivaciones que no han traspasado los anales de la  historia -no lo suficiente al menos-; no así el  falso mito de la ‘bruja’. Motivaciones que se pueden englobar en una sola palabra, a saber: misoginia.

Ellas eran brujas. Ellos, magos:

“- Astrólogos y nigromantes ocupan puestos muy altos cerca de papas, reyes y nobles-dijo el inquisidor-, incluso nuestro rey Fernando se hace decir el futuro de un alianza o el resultado de una batalla – añadió en tono confidencial. ¿Sabéis que el emperador Maximiliano, el abuelo del marido de la princesa Juana, recurre a los consejos y adivinaciones de un mago llamado Tritenio?

-Tritenio es abad y su piedad está sobradamente demostrada, está bendecido con el don para ver más allá y conocer a los espíritus de grandes héroes que vivieron en tiempos remotos; además –añadió por si quedaba alguna duda-, numerosos escritos suyos denuncian a las sectas de hechiceros o brujos, especialmente si son mujeres, que acarrean a la raza humana daños incalculables.

-Pero no deja de ser un mago.

-Hay magos buenos y magos malos” 

La mujer, siempre en el punto de mira. Si eran parteras, porque pueden hacer “todo tipo de sortilegios e invocaciones sin que nadie se dé cuenta”. Si eran herboleras, despertaban las suspicacias del médico de turno. Sin embargo, la medicina era un oficio reservado exclusivamente a los físicos diplomados.El caso era controlar a las mujeres y limitarlas, como lo demuestra el elevado número de mujeres acusadas de brujería y/o herejía frente al bajo o casi nulo número de  hombres. Por supuesto que, bajo todo este manto falaz, estaba la mano de la Iglesia Católica, así como la Protestante; en menor medida esta última, pero por cuestiones de poder, fundamentalmente.

Por otra parte, la ‘caza de brujas’ era una caza selectiva, tal y como nos lo muestra la autora, por ejemplo, a través de uno de los personajes de la obra, Bartolomé Martínez de Unda, escribano de Tabira de Durango: “No convenía en principio, determinó, acusar a ningún pariente de los linajes importantes, así que centraría su atención en mujeres pobres, prostitutas, gitanas, extranjeras o viudas que no contaran con apoyo familiar”.  No sólo la condición de ser mujer era motivo de suspicacias sino que su posición social era un ‘agravante’.

Las envidias vecinales encontraban también su hueco y, así, muchas personas inocentes fueron pasto de las llamas por esta otra vía, la delación.

En consecuencia, en esta obra se abordan cuestiones como: el deseo de la iglesia católica de erradicar las prácticas paganas que aún subsistían en ámbitos rurales, el miedo como medio de ‘persuasión’ para los apoyos políticos, la rivalidad de los médicos hacia las parteras y herboleras -porque hacían una ‘intromisión’ en su campo de trabajo, una intromisión que era más bien una respuesta a la demanda general de las mujeres que no deseaban ser ‘observadas’ por un médico, por un lado, y por una necesidad nacida de la ineficacia de éstos, por el otro-, el arraigo de las costumbres pero también de las supersticiones.

Catalina de Goiena, herbolera y partera, representa, por tanto, a todas aquellas mujeres que decidieron, a lo largo de la historia y por diferentes motivos, vivir en los márgenes, en las orillas, y no dejarse arrastrar por los convencionalismos de la época, por lo establecido, por ser parte de la masa homogénea.

Les invito, por tanto, a arribar a esta obra de Toti Martínez de Lezea y contribuir a desmitificar la gran mentira de la ‘caza de brujas’.

  • Curiosidades.

A la autora le gusta recrear sus obras en lugares reales. Así, encontramos:

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Localización de ‘La herbolera’. Valle de Atxondo. Vizcaya.
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Cuevas de Zugarramurdi.

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La autora tiene, además, al hilo de este tema, otros libros que pueden ser de gran interés, se titulan: “Leyendas de Euskal Herría” y “Brujas”.

 

Estatuismo

Más preocupante que no saber -sería una auténtica pedantería pensar y afirmar que lo sabemos todo, aunque no falten quiénes– es mostrar y mantener una actitud de no revisar lo que nos viene dado, sino acogerlo tal cual y, más aún, defenderlo a capa y espada.

Más preocupante que no buscar información para contrastar es disponer de ella, o que te la faciliten, y prefieras defender los argumentos del “siempre”, esos argumentos que todas y todos recibimos, en alguna medida, y que tanto daño hacen a la reflexión crítica y al cambio necesario de muchas cuestiones: <<porque siempre ha sido así>> o <<porque siempre se ha hecho así y para qué cambiarlo>> o <<porque me educaron así>> (elija o añada  la fórmula que se prefiera).

Y si a eso se le añade, suele añadirse, la prepotencia con la que se defiende ese ‘estatuismo’ -de estatua- (nótese el tono sarcástico), prepotencia en la que entra la necesidad de decir siempre la última palabra para quedar por encima y así satisfech@ consig@ mism@, pues ya entramos en  una acentuación del radicalismo y la intransigencia (ojo, que en todo esto se puede caer con la mejor de las intenciones). Porque, en contra de los cambios sociales, tenemos, por una parte, a quienes los dificultan conscientemente y, por la otra, a quienes los dificultan con las mejores intenciones (que son a quienes va dedicada esta entrada), los y las adalides del ‘estatuismo’.

Y, al sano y necesario ejercicio de reflexionar críticamente, de plantearte las.cosas y su trasfondo, le llaman <<rizar el rizo>>, <<buscarle 4 patas al gato>>, <<mujer/hombre, ¡cómo eres!>> y otras cosas por el estilo (a elegir fórmula de nuevo, que en la variedad está el gusto; en este caso, el disgusto).

No, no, llámelo usted por.su nombre: acomodación del pensamiento.

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Escultura de Gertraud Möhwald, ceramista y escultora.

¿Tú la has visto?

Nuah, 5 años, juega a las construcciones mientras tararea una canción. Interrumpe su tarareo y dice: <<el cementerio es un lugar siniestro>>.

<< ¿Qué es siniestro?>>, le pregunto.

<<Pues que da miedo>>.

<<Y, un cementerio, ¿qué es?>>, continúo preguntando.

<<Pues un lugar donde todas las personas mueren>> [me lo está dictando porque no me ha dado tiempo de pillar su definición de forma literal, y repite: <<mue-ren>>].

<<Ah, ya, la muerte es algo natural>>, le digo.

Deja las construcciones un momento, me mira, y me pregunta: << ¿Tú la has visto?>>.

<< ¿A quién?>>, le pregunto para ganar tiempo.

<<A la muerte>>

Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska.

“En el estudio todo ha quedado igual, querido Diego, tus pinceles se yerguen en el vaso, muy limpios, como a ti te gusta. Atesoro hasta el más mínimo papel en que has trazado una línea.” (p. 9)

En Querido Diego, te abraza Quiela encontramos la correspondencia novelada entre Angelina Beloff y Diego Rivera-primera esposa de éste, quien la apodaba ‘Quiela’-. En el Encuentro con Enrique Redel, editor de Impedimenta, celebrado en la Librería de Mujeres, hemos podido acceder a datos más que jugosos sobre este libro, a saber: en 1970, la autora, Elena Poniatowska, recibe el encargo de prologar la biografía de Lupe Martín, que era considerada la primera mujer de Rivera. Mientras recaba información para acometer dicho encargo, da con “La fabulosa vida de Diego Rivera”, de  Bertram Wolf, y es ahí donde descubre a Angelina Beloff, quedando fascinada por ella. A raíz de este descubrimiento, Elena Poniatowska escribe “Querido Diego, te abraza Quiela”.

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¿Con qué propósito? se barajan varios, o todos: poner en ‘evidencia’ a Diego Rivera -las cartas muestran a un ser despótico, frío, indiferente e incluso con actitudes violentas-, visibilizar a Angelina Beloff -prácticamente desconocida- o a modo de denuncia, pero, ¿denuncia de qué exactamente? pues entendemos que de la subordinación consentida de la mujer a favor del hombre y en detrimento de sí misma -y de la sociedad, porque finalmente son mujeres muy valiosas que no desarrollan su potencial en toda su extensión y, por tanto, privan de esa expansión de su talento al mundo-. De ejemplos de dicha subordinación está llena la historia, en todos los campos. Del análisis sobre los motivos de dicha subordinación existen diversas obras de ‘obligada’ lectura, como por ejemplo “Un cuarto propio”, de Virginia Woolf (por supuesto, hay muchas más que, además).

” (…) sé que tú eres ya un gran pintor y llegarás a serlo extraordinario, y yo tengo la absoluta conciencia de que no llegaré mucho más lejos de lo que soy.” (p. 30)

Pero, ¿qué sabemos de Angelina Beloff? pues sabemos que se inscribió en los Cursos de Estudios Superiores para Mujeres de la Universidad para estudiar medicina pediátrica, a la vez que cursaba estudios nocturnos en una academia de pintura. La pintura era su verdadera vocación, aspecto que se recoge en estas cartas noveladas.

“Comía pensando en cómo lograr las sombras del rostro que acababa de dejar, cenaba a toda velocidad recordando el cuadro en el caballete, cuando había ensayos de encáustica pensaba en el momento en que volvería a abrir la puerta del taller y su familiar y persistente olor a espliego.”(p. 42)

“(…) porque yo no vivía sino en función de la pintura; todo lo veía como un dibujo en prospecto, el vuelo de una falda sobre la acera, las rugosas manos de un obrero comiendo cerca de mí, el pan, la botella de vino, los reflejos cobrizos de una cabellera de mujer, las hojas, los ramajes del primer árbol. Yo nunca me detuve a ver un niño en la calle (por ejemplo) por el niño en sí. Lo veía ya como el trazo sobre el papel (…)” (p. 47)

También sabemos que ingresó en la prestigiosa Academia de Bellas Artes de San Petersburgo en 1904. Luego, en 1909, continuó con sus estudios en París (Academia de Humanidades Matisse) y, posteriormente, en la Academia de Anglada Camarasa. De forma simultánea, estudia grabado en madera y en metal.

¿Puede una mujer con tal iniciativa y talento ser presa de tamaña dependencia afectiva y emocional? Inmersa en este interrogante, un malestar se va fraguando a través de la lectura de esta obra, malestar que es un enfado declarado en toda su intensidad al llegar a la última de sus páginas.

En medio de la lectura de este relato de dependencia desoladora me he visto retrotraída a la metáfora del espejo a la que aludía Virginia Woolf: “reflejar una silueta del hombre al doble de tamaño” (Un cuarto propio,1929). Además, he vuelto a poner en el torno la idea de cómo nos empequeñecemos, cómo nos cuesta ver a tamaño real nuestro talento, talento que hemos aprendido a poner en duda desde que nacemos, especialmente si nos salimos del ‘molde’ establecido; un ejercicio de subestimación, incluso sutil, en pequeños detalles.

Por otra parte, Elena Poniatovska da un soplo de claridad y fuerza a Angelina en un momento determinado de las cartas, cuando pone en la pluma de aquella estas palabras:

“No tengo en qué ocuparme, no me salen los grabados, hoy no quiero ser dulce, tranquila, decente, sumisa, comprensiva, resignada, las cualidades que siempre ponderan los amigos. Tampoco quiero ser maternal; Diego no es un niño grande, Diego solo es un hombre que no escribe porque no me quiere y me ha olvidado por completo.” 

Al momento, deja patente su contradicción. Pero ya está hecho, ha colocado un punto de inflexión en ese discurso sumiso y la contradicción contribuye a ponerlo de relieve. Es un breve respiro para quien lee, hay ahí una mirada consciente y voluntaria.

” Las últimas palabras están trazadas con violencia, casi rompen el papel y lloro ante la puerilidad de mi desahogo. ¿Cuándo lo escribí? ¿Ayer? ¿Antier? ¿Anoche? ¿Hace cuatro noches? No lo sé, no lo recuerdo. Pero ahora, Diego, al ver mi desvarío te lo pregunto y es posiblemente la pregunta más grave que he hecho en mi vida: ¿Ya no me quieres, Diego? Me gustaría que me lo dijeras con toda franqueza.”( p. 52)

Impedimenta rescata estas cartas noveladas con una cuidada edición -sello distintivo de la editorial-, dando a conocer al gran público a Angelina Beloff -desconocida por todas las personas que participamos en el Encuentro- a la vez que reabriendo un espacio de reflexión. Este amor de Quiela, ¿es amor o sumisión? ¿Amor y dependencia pueden ser sinónimos? Más que un amor sano, lo que vivía Angelina Beloff era un tormento afectivo y un desgaste de su energía vital.

Otra cuestión para la reflexión: la admiración, ¿forma parte del amor? ¿Es necesariamente sumisa la admiración?

a-studio-in-montparnasse-nevison-1925Con una visión pedagógica, haciendo una recomendación expresa a los/as docentes, esta lectura sería más que conveniente para proponer al alumnado; con la consiguiente y necesaria reflexión, claro, para que no quede el mensaje en el vacío.

La maravillosa a la vez que simbólica portada es obra de Christopher Richard Wynne Nevinson, paisajista, grabador y litógrafo británico, y lleva por título “Un estudio en Montparnasse” (1926). Simbólica en cuanto al contenido del libro: una cortina abierta que desvela la intimidad de un salón, una ventana abierta al mundo o a quien desee observar, doble observación de ventanas. El cuerpo desnudo de la mujer en esa doble observación de las ventanas. Un mostrar deliberado, la desnudez como símbolo de vulnerabilidad pero también de auto-afirmación (aquí estoy, sin ambages). La cabeza inclinada de la mujer, como símbolo de mirada interior. Ventana que se duplica- añadía María Elena- en el cuadro situado delante del sofá. En definitiva, una portada exquisitamente escogida. Una lectura necesaria.

Elena Poniatowska nace en París, en 1932. “Hija del príncipe Jean Evremont Poniatowski Sperry y de Paula Amor de Ferreira Iturbe, es heredera del título de princesa de Polonia por ser descendiente del rey Estanislao II, último monarca del país. En 1941 llegó a México con su madre huyendo de la segunda guerra mundial.”

“Elena Poniatowska fue enviada a Estados Unidos a estudiar. De nuevo en México, pronto decidió dedicarse al periodismo. Así, en 1953 empezó a trabajar en el diario Excélsior, escribiendo crónicas sociales, y el año siguiente comenzaría su colaboración en el periódico Novedades.

Autora de más de cuarenta obras, entre las constantes de su narrativa encontramos la presencia de la mujer y su visión del mundo, la Ciudad de México, los conflictos sociales, la importancia de los derechos humanos, las heroicidades y miserias de la vida cotidiana, la búsqueda de la justicia y la literatura.

Entre los numerosos premios recibidos, destacan el Mazatlán de Literatura (1971); el Nacional de Periodismo de México (1978); el Alfaguara de Novela con la novela La piel del cielo (2001); el Rómulo Gallegos con El tren pasa primero, que tiene como protagonista a un líder sindical ferroviario (2007) y el Biblioteca Breve por su obra Leonora, sobre la vida de la pintora Leonora Carington (2011).” En el 2013 recibió el Premio Cervantes 2013.

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Angelina Beloff y su hijo.

 

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La marioneta Pastillita.

 

Pueden ampliar información sobre Angelina Beloff en  Mujeres en el arte.

Los deseos y tu capacidad para hacerlos realidad

 

– Mira las estrellas, Nuah.

– Voy a pedir un deseo a una estrella…

– Las estrellas no conceden deseos, Nuah.

– ¿Y por qué las personas piden deseos a las estrellas?

-Pues porque a algunas personas les gusta pedir deseos a las estrellas (pequeña disertación sobre la imaginación) pero, en realidad, tus deseos los cumples tú y no ninguna estrella.

No creo en una educación que desvíe nuestra confianza hacia cuestiones ‘mágicas’.  Creo en una educación en la que transmitir la confianza y la fe de la persona hacia sí misma y en sus capacidades. Magia, la justa. Transmitimos a esas cabezas chicas un montón de tonterías que, luego, son un obstáculo para que crean en sí mismas.

2 de abril de 2013

Noa delfín

Nuah se levanta a beber agua.

Su mirada tropieza con una ‘pintada artística’, de su inventiva y obra, en la pared del pasillo.

Sin que medie pregunta alguna por mi parte, me dice -brazos en jarra-:

<<…eso- señala el garabato- eso lo ha hecho ‘Noa delfín’, yo no>>, y su pequeño dedo índice acompaña al ‘no’ con una oscilación de lado a lado.

 

27 de noviembre de 2012